Tarde de perros – Sidney Lumet, 1975

Tarde de perros

EEUU, 1975

Director: Sidney Lumet

Guión: Frank Pierson

Género: Crimen/drama

Compositor de la banda sonora: David Shire

Montaje: Dede Allen

Producción: Martin Bregman y Martin Elfand

Intérpretes principales:

Al Pacino (Sonny Wortzik)

John Cazale (Sal Naturile)

Charles Durning (Sargento Moretti)

James Broderick (Comisario Sheldon)

Chris Sarandon (Leon Shermer)

Sully Boyar (Mulvaney)

Carol Kane (Cajera Jenny)

Argumento

Sonny, Sal y Stevie son tres delincuentes de poca monta en Brooklyn. Una tarde de verano, entran en un banco con la intención de atracarlo. Pero enseguida se nota que no son muy profesionales que digamos. El „brillante“ plan está condenado al fracaso de antemano. Asumiendo que no van a hacerse millonarios, tratarán al menos de evitar volver a la cárcel.

La policía no tarda en cercar todo el edificio. Pero los dos atracadores que quedan (pues el tercero ya desertó al principio) tienen como rehenes al director de la sucursal, al vigilante y a las cajeras. Así tratan de negociar la forma de escapar…

Comentario

Retrato de un atraco frustrado con toma de rehenes y connotaciones de ácida crítica social, a la vez que muchas pinceladas humorísticas. Los atracadores son unos pobres pringados a los que ni sus rehenes toman en serio. Pero fuera del banco donde está teniendo lugar el „atraco“, la percepción del suceso es muy diferente: Por un lado está el enorme despliegue policial (prácticamente todo un ejército de francotiradores y agentes de todas las unidades), por el otro la prensa, que busca explotar el sensacionalismo del suceso; y en tercer lugar tenemos al „público“, pues todo Brooklyn se ha congregado en las inmediaciones para presenciar el „espectáculo“. Resulta cómico ver como Sonny, el „jefe“ de la „banda“ se convierte para ese público en una especie de figura heroica.

La película nos muestra de manera muy acertada el comportamiento de la masa urbana, sedienta de morbo y emociones fuertes (pero sin involucrarse, siempre como espectadores, solo como voyeurs). El único de los civiles que se atreve a intervenir (el novio de una de las rehenes), ¡es abucheado por la gente y detenido por la policía! Cada vez que Sonny sale a parlamentar con los agentes es jaleado como si fuera una estrella del rock. En una escena se pone a repartir billetes a la multitud congregada como un Robin Hood, lo que aumenta el frenesí de las masas y el consiguiente caos. Vemos asimismo una inversión en lo que respecta a los roles entre policía y delincuente: Aquí es el atracador el que cachea al agente del FBI para comprobar que no tiene armas, cuando el segundo quiere entrar a comprobar que los rehenes están bien. Los medios, por su parte, buscan explotar el morbo de toda esa grotesca situación. Sobre todo cuando se descubre que Sonny, además de tener mujer e hijos, tiene un amante homosexual (con el que también está „casado“) al que quería pagarle una operación de cambio de sexo (!) – Y al parecer esa era su motivación principal para llevar a cabo el atraco.

A Sal le preocupa que los medios digan que él es homosexual e insiste en que eso se desmienta (¡como si no hubiera cosas más importantes que atender en ese momento!). Y aquí viene una de las mejores frases de la película – que plasma muy bien el mensaje crítico hacia los medios de „comunicación“ – pues Sonny le responde „It’s a freak show anyway… Whatever they say it doesn’t matter“ („De todos modos es un circo… Nada de lo que digan importa“). Esa tendencia a la manipulación, al sensacionalismo y a la inversión de los hechos, que hoy ya es casi omnipresente, ya existía en los ´70.

La crítica social se entremezcla con muchas situaciones hilarantes que rozan el humor absurdo (por ejemplo, piden que les preparen un avión que les lleve „a Argelia“). O una de las rehenes le dice a uno de los atracadores que no tenga miedo… – Y es que en el fondo estamos ante una tragicomedia.

Los acontecimientos que narra la película pueden verse desde varios puntos de vista diferentes: Sal se siente más acorralado y atemorizado ante la situación que los propios rehenes; Sonny, aunque frustrado y sometido a gran presión, no desiste de sus esperanzas en realizar una aventurera y fantástica escapatoria. Los policías actúan de forma fría, calculada y estratégica (aunque muchas veces parecen hacer el ridículo). Los medios sacan partido al asunto. Y el „público“, los vecinos de Brooklyn, se dejan entretener como si todo fuera un partido de fútbol. ¡Algunos hasta se manifiestan con pancartas en apoyo de su ídolo Sonny! Tal vez los creadores de la película pretendían realizar una analogía entre ese público ciudadano borreguil y nosotros, los espectadores del film…

El gran Al Pacino realiza un soberbio papel en su rol del histriónico y chapucero atracador de bancos amateur. Su sombrío y depresivo compinche Sal está interpretado por John Cazale, a quien conocemos, sobre todo, por encarnar en „El Padrino“ a su hermano (el de Michael/Pacino) Fredo Corleone. Y en „El Padrino“, por cierto, hay otro hermano llamado Sonny – como el personaje de Pacino en esta „Tarde de perros“ que nos ocupa.

La historia que narra esta película está basada en hechos reales: El atraco de John „Sonny“ Wojtowicz (veterano del Vietnam) y Salvatore „Sal“ Naturile, que en 1972 intentaron atracar un banco en Brooklyn tomando varios rehenes durante 14 horas. Los medios difundirían que Sonny, padre de familia divorciado, pretendía conseguir dinero para facilitarle una operación de cambio de sexo a su pareja homosexual, que se identificaba como mujer y luego pasaría a llamarse Elizabeth Eden. Pero otras fuentes afirman que la motivación real del atraco es que Sonny tenía deudas con la Mafia, concretamente con la familia Gambino (que operaba en esa misma zona de Brooklyn).

Un detalle muy interesante es que Wojtowicz y Naturile habían visto „El Padrino“ ese mismo día en el cine, poco antes del atraco – película donde, recordemos, salen Al Pacino y John Cazale, actores que luego – en esta „Tarde de perros“ – ¡¡les interpretarían a ellos!!

Además, inspirado por la película, durante el asalto, Wojtowicz le pasó una nota a la cajera que decía „esta es una oferta que no puedes rechazar“… Vemos, una vez más, las sincronicidades entre el cine y la vida real, que siempre se cruzan y se entremezclan, hasta que resulta imposible distinguir si la vida real influencia al cine, o si más bien es a la inversa.

La realidad supera a la ficción, pero muchas veces la ficción contribuye a crear la realidad…

Felix Hahlbrock Ponce

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