
D.O.A.
EEUU, 1949
Director: Rudolph Maté
EEUU, 1949
Director: Rudolph Maté
Guión: Russell Rouse, Clarence Greene
Género: Film noir
Banda sonora: Dimitri Tiomkin
Montaje: Arthur H. Nadel
Producción: Cardinal Pictures / Harry Popkin Productions
Intérpretes:
Edmond O’Brien (Frank Bigelow)
Pamela Britton (Carol Reed)
Neville Brand (Lt. Torres)
Beverly Garland (Beverly Campbell)
Laurette Luez (Nita Van Cleve)
Argumento
Frank Bigelow regenta una oficina de contabilidad en una localidad californiana, con sus secretarias Kitty y Paula. La segunda es su novia. Frank decide tomarse vacaciones yéndose él solo a San Francisco. Paula protesta, aunque termina aceptándolo.
Una vez en San Francisco, Frank conoce a otros huéspedes del hotel y se va con ellos de fiesta. La mujer del hombre que le invitó comienza a ligar con Frank – lo que despierta los celos del marido. Esa misma noche, en el bar de jazz, Frank conoce a otra atractiva joven con la que piensa citarse después. Al mismo tiempo un misterioso individuo que vigila a Frank aprovecha para darle el cambiazo con su bebida.
Al día siguiente Frank despierta con resaca, y sintiéndose enfermo va al médico. Allí le anuncian que ha sido envenenado con un tóxico muy potente, y que lo suyo no tiene remedio…
A partir de ahí, lo importante para Frank no será evitar su muerte, sino darle sentido al resto de su vida…

Comentario
La escena inicial nos muestra al protagonista acudiendo a la comisaría para denunciar un asesinato: Nada menos que su propio asesinato: Él mismo afirma ser la víctima… Tras ello conocemos el contexto, y toda la película se desarrolla mediante un flashback.
Lo que para Frank comienza como unas vacaciones se transforma en una angustiosa pesadilla. Desde que el médico le dice con tono sombrío: „Usted ha sido asesinado“, nuestro protagonista toma conciencia de lo que significa que le quede poco tiempo: Tiene que aprovecharlo al máximo. Pues, a excepción del propio tiempo, ya no le queda nada que perder…
Tras asimilar que no existe un antídoto para el fosforescente veneno que circula por sus venas, Frank decide convertirse en el detective que busca esclarecer su propia muerte. Quiere averiguar quién le quería muerto y por qué. Siendo solo un humilde contable, ignoraba tener esa clase de enemigos. La búsqueda de una razón y de un culpable se convierten así en su mayor motivación para seguir existiendo.
Tirando del hilo, Frank irá destapando una enrevesada trama de corrupción industrial y tráfico de un valioso elemento metálico potencialmente radioactivo (el iridio).
El celoso vecino de habitación del hotel, cuya mujer flirtea con Frank en el club de jazz al principio, funciona en la historia sólo como un „red herring“, pues los auténticos responsables de su envenamiento no actúan movidos por asuntos pasionales o vengativos; son unos enemigos impersonales – integrantes de una trama abstracta de corrupción industrial, en la que el protagonista (que es una pieza intercambiable más) se ve envuelto solo por „haber firmado un papel“ de forma mecánica e inconsciente, es decir se trata de un asesinato meramente burocrático: Él debe ser eliminado para que indicios de la gran trama desaparezcan.
Dicha trama resulta ser de proporciones internacionales, pues el líder visible de la organización resulta ser un misterioso individuo con marcado acento extranjero (de Europa del este/Balcanes, medioriental o del Cáucaso) llamado Majak, que está emparentado con uno de los antagonistas de Frank al que el espectador nunca ve; uno que está envuelto en los turbios papeleos y que usa dos nombres: el anglosajón Reynolds y el „exótico“ Rakubian (que suena a armenio).
Majak está interpretado por Luther Adler, que pertenecía a una familia de actores de teatro yiddish de Nueva York. Su temible matón Chester está encarnado por Neville Brand, al que vimos en un papel de volátil psicópata muy similar en „Kansas City Confidential“ (1952).
Al comienzo del film, cuando Frank llega a San Francisco, se refleja mediante la abundancia de mujeres atractivas, el ambiente caótico-festivo y el estridente del club de jazz la sobreestimulación con la que de repente es confrontado el protagonista – y por extensión, el hombre moderno en las grandes urbes. Tanta estimulación visual y acústica de una forma tan abrupta y omnipresente, le confunde y le hace bajar la guardia.
Pero tras tomar conciencia de su situación, además de enfrentarse con decisión a los desafíos, Frank aprende a valorar a las personas de su vida que realmente son importantes; como su novia Paula, a la que hasta entonces no tomaba demasiado en serio.
La película cuenta con numerosas escenas memorables, como la carrera sin rumbo a través de la ciudad de un desesperado y acorralado Frank cuando tras visitar el hospital descubre su envenenamiento. Parece estar huyendo de sí mismo. Por cierto: Esa carrera fue filmada de forma espontánea, sin permisos de rodaje; y la sorprendida gente con la que se cruza o se choca Frank (Edmond O’Brien) son pasantes reales, y no extras contratados para la película.
Frank termina su frenética carrera junto a un kiosko en el que se ven, muy simbólicamente, muchos ejemplares de la revista „LIFE“ („Vida“). Otros detalles curiosos: Tenemos un club nocturno llamado „Black Magic“. En la ficha policial de la comisaría (al final), la fecha que aparece es 9/11. Y la edad de Frank es 33. El título original D.O.A. juega con la ambigüedad y tiene dos posibles interpretaciones: „Dead Or Alive“, pero también „Dead On Arrival“ (muerto nada más llegar), que es el sello que ponen en su expediente; y tal vez una forma mediante la cual los agentes tratan de encubrir los alcances de la trama – se sugiere que, pese a que Frank destapó todo el asunto, las autoridades no van a seguir investigando, que „no se enteraron de nada“ ya que el individuo „llego muerto“…
En los créditos finales, se advierte que ese „veneno luminoso“ existe en la realidad. Probablemente se alude, más que a un veneno convencional de efecto lento, a un arma biológica y radioactiva.
En resumidas cuentas, estamos ante un noir sumamente original (del cual más adelante se han hecho varios remakes) con toques de terror psicológico y espacio para reflexiones filosóficas – por lo cual no desentonaría entre las excelentes „Historias para no dormir“ de Ibáñez Serrador, que en muchas ocasiones tenían una temática y una atmósfera muy similares.
Felix Hahlbrock Ponce
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