Ojo del Diablo – J. Lee Thompson, 1966

Ojo del Diablo (V.O. The eye of the devil)

GB, 1966

Director: J. Lee Thompson

Guión: John Collier, Robin Estridge (basado en novela “Day of the Arrow” de Philip Loraine)

Género: Terror

Banda sonora: Gary McFarland

Intérpretes principales:

Deborah Kerr (Catherine de Montfaucon)

David Niven (Philippe de Montfaucon)

Donald Pleasence (Padre Dominic)

Sharon Tate (Odile de Caray)

David Hemmings (Christian de Caray)

Flora Robson (Countess Estelle)

Argumento

Durante una celebración en París, el marqués Phillippe de Montfacon recibe la visita de un emisario que trae malas noticias. Al día siguiente el marqués parte a sus propiedades en una zona rural. A su esposa Catherine le explica que debe encargarse de un asunto relacionado con los viñedos. Pero en realidad se trata de otras causas más urgentes y profundas, que ella no entendería…

En el castillo de Bellenac vive la tía del marqués, y en las inmediaciones unos misteriosos jóvenes, los hermanos Christian y Odile. Ambos son adeptos de las artes mágicas.

Con la intuición de que algo no marcha bien para su marido, la marquesa se dirige también a la propiedad, llevando consigo a sus hijos, los pequeños Jacques y Antoinette. Una noche en el castillo, Catherine es testigo de una siniestra ceremonia, con un gran número de encapuchados vestidos con túnicas en una gran sala…

Comentario

El terror psicológico y el paranormal se entrelazan en esta película del subgénero „folk-horror“, con temática ocultista y marcada atmósfera gótica.

Resulta llamativo el veloz montaje en las escenas oníricas y de trance (como la secuencia inicial). El director J. Lee Thompson rodó unos años antes la muy recomendable „El cabo del miedo“ (1962), donde también tenemos a una familia aterrorizada – Aunque en esa ocasión por motivos externos.

El marqués, a su pesar, pertenece a un linaje que tiene ciertas „responsabilidades“. Su familia está atada a costumbres ancestrales, con una cadena generacional de pactos y sacrificios que se han prolongado durante siglos. Tiene por tanto contratos y obligaciones con entidades – y esas entidades con las que él y sus antecesores se han „hipotecado“ no son las bancarias, sino otras que están „más allá“…

El lema de su escudo familiar, atravesado por una flecha como las que lanza el arquero Christian, reza: „Dios lo da todo“ La pregunta es ¿qué „dios“? El mismo que da, también quita… Y el cura del castillo, el padre Dominique, ¿a qué dios sirve en realidad? Tras lo que parece una misa común se oculta un rito con un significado que no es el que puede parecer en un principio.

No queda muy claro quiénes son en realidad los misteriosos hermanos Christian y Odile. Pero, como dice el padre Dominique, „Entender no siempre es necesario, y a veces es hasta imposible“.

Que el joven se llame „Christian“ podría hacer referencia al hecho de que los lugareños usan el cristianismo como máscara, presentándose como cristianos para esconder las auténticas características de su culto. Y „Odile“, el nombre de la chica, recuerda poderosamente a „Odal“: Una runa que, de forma muy apropiada para este caso en particular, simboliza la familia y el sentido de herencia y propiedad.

En el simbolismo eucarístico, el vino representa la sangre (de Cristo). Aquí tenemos que el marqués (equiparado por su culto a una figura divina que debe ser inmolada, como Cristo), es el propietario de unos viñedos. Su sangre ha de ser vertida para que la „cosecha“ sea buena, así lo estipulan los contratos de su familia. Y él, como sus antepasados y sus sucesores, se encuentra ante un dilema: ¿Su sacrificio puede ser también una elección personal, o forma parte de la ineludible predestinación, de la inercia de la sangre?

La marquesa, que no está iniciada, se inmiscuye en esos asuntos que no puede entender. Mientras que sus hijos, los pequeños hermanos Jacques y Antoinette (que se dejan encandilar por la magia y son sensibles a estados hipnóticos), podrían convertirse en los sucesores de Christian y Odile. Catherine, una vez descubre el carácter horrendo del culto, quiere alarmar a la policía… pero (¡oh, sorpresa!) el inspector de la comarca también está „metido en el ajo“.

Christian y Odile, por su parte, son adeptos de la secta ocultista; saben ejercer el control mental, y tienen un rol importante en la ejecución de los rituales. Odile está interpretada por Sharon Tate, quien se convertiría ella misma en la víctima de un sacrificio ritual – las fronteras entre la ficción cinematográfica y la realidad se difuminan una vez más; y en este caso de forma sumamente macabra…

A veces las películas se hacen realidad… o también las pinturas: Como en este film el cuadro de los 12 encapuchados „bailando“ aldededor de su víctima, una imagen que llama la atención de Catherine en un retrato del abuelo de Philippe, antecesor suyo en el marquesado.

El marqués Phillippe pertenece a una dinastía que debe „actualizar“ los pactos mediante sacrificios humanos entre sus propios integrantes. Él se sabe atrapado, pero se resigna al conocer su destino. Y aunque intenta mantener prisionera a su mujer para evitar sus interferencias, el mayor prisionero es él mismo…

Memorable resulta el detalle del pequeño Jacques corriendo hacia el cura, supuestamente para recuperar su reloj (y en realidad para ratificar el ancestral pacto de su línea familiar con la casta sacerdotal). El reloj es el símbolo del tiempo/cronos: Entroncando metafóricamente con los sacrificios de la dinastía protagonista tenemos que Cronos/Saturno es el dios que devora a sus propios hijos. Y es que el tiempo todo lo consume…

El amuleto de la secta, que Odile lleva a modo de colgante, recuerda al planeta Saturno, rodeado por un anillo (el tiempo circular, „el eterno retorno“); y también a un ojo („¿el que todo lo ve“?). El pueblo en sí también funciona como una especie de ojo colectivo, donde los forasteros no pasan desapercibidos, pues siempre van a estar bajo la atenta vigilancia de los supersticiosos aldeanos. El ojo del amuleto, ese que simbolizando el control perpetuo „todo lo ve“, debe ser el del demonio al que hace alusión el título de la película.

Y a propósito de demonio: Cuando Catherine visita la tumba en el bosque, el trozo del apellido („de Montfacon“) que tras ella puede leerse en la cripta es „de Mon…“- seguro que es solo una casualidad… ¿Qué opinan?

Felix Hahlbrock Ponce

(Consigue mis libros AQUÍ)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Volver arriba