
El baile de los vampiros (V.O. The fearless vampire killers)
GB/EEUU, 1967
Director: Roman Polanski
Guión: Roman Polanski, Gérard Brach
Género: Comedia de terror
Banda sonora: Krzysztof Komeda
Intérpretes principales:
Jack MacGowran (Profesor Abronsius)
Roman Polanski (Alfred)
Sharon Tate (Sarah Shagal)
Alfie Bass (Shagal)
Ferdy Mayne (Conde von Krolock)
Iain Quarrier (Herbert von Krolock)
Argumento
Finales del siglo XIX. El profesor Abronsius de Königsberg (Prusia) y su joven asistente Alfred llegan a Transilvania durante un duro y nevado invierno, para investigar qué hay de cierto en las leyendas de vampiros. Primero se hospedan en una posada, donde los desconfiados lugareños dicen no saber nada de castillos o de condes.
Pero, aunque la posada está bien provista de ristras de ajo, un vampiro no tarda en aparecer una noche, secuestrando a Sarah, la bella hija del posadero.
El profesor y su ayudante se dirigen al castillo. El primero quiere eliminar a los vampiros, mientras que al segundo solo le interesa la chica.
Allí ya los espera el conde, que los recibe como huéspedes. Alfred cree escuchar esa noche unos cantos, e imagina que podría ser Sarah. ¿Se habrá ella ya convertido en vampira, o estará Alfred a tiempo de rescatarla?

Comentario
Parodia de terror gótico vampírico dirigida por Roman Polanski, y también protagonizada por él. En clave de sátira, contiene todos los clichés del subgénero iniciado por la célebre novela de Bram Stoker.
Abronsius es el clásico profesor chiflado estrafalario y Alfred, a quien interpreta el propio Polanski, hace las veces de su patoso ayudante. En realidad es bastante cobarde con respecto a los vampiros (para nada tan „fearless“ como dice el título original de la película), pero la motivación de volver a ver a Sarah (Sharon Tate) le empuja a enfrentarse a sus miedos.
Y es que una de las mayores motivaciones para ver esta simpática y divertida comedia negra reside precisamente en la participación de Sharon Tate: Una actriz que no tuvo la oportunidad de aparecer en demasiadas películas y que es mucho más conocida por su brutal muerte que por su corta vida (Por cierto, no deja de ser curioso a la vez que inquietante que participe en esta película como vampira, es decir como „muerta viviente“). Como es sabido, Sharon Tate sería la esposa de Polanski (se conocieron durante el rodaje de esta película), y solo dos años después fue asesinada en el famoso crimen ritual perpetrado por „la familia“ satánica de Charles Manson – al menos, esa es la versión oficial del turbio suceso.
Sharon interpreta a la pelirroja y voluptuosa Sarah, a la que Alfred (Polanski) quiere rescatar del culto vampírico. Estamos de hecho ante una secta de no-muertos, pues durante la ceremonia de apertura del baile el conde se denomina a sí mismo como el „pastor“ y a los participantes los declara su „rebaño“. Los vampiros de dicho „rebaño“ son unos viejos muy demacrados, ataviados al estilo cortesano del siglo XVIII. Vemos así una referencia a la aristocracia de la época anterior a la revolución francesa, que se muestra como algo decadente y decrépito que se resiste a morir. Sarah-Sharon, vestida de rojo chillón como la „mujer escarlata“, es presentada como la gran atracción de la velada, a causa de su juventud y su belleza. Los viejunos vampiros dieciochescos están ansiosos de sangre nueva y carne fresca. Recordemos que los vampiros son los parásitos por excelencia. Sarah-Sharon aún no ha sido completamente vampirizada, pues su imagen todavía puede verse en los espejos. El vampiro líder tiene un hijo homosexual, que ha puesto sus ojos en Alfred, y busca también poner en él sus colmillos…
En el cementerio del patio interior del castillo llaman la atención los apellidos alemanes en las tumbas, con el prefijo „von“ (aunque la película está ambientada en Transilvania, donde la gente es más bien de origen rumano o húngaro). El conde dueño del castillo, por ejemplo, se apellida „von Krolock“.
En una escena vemos que al posadero Shagall, una vez se ha convertido en vampiro, es el único al que no le afectan los crucifijos – ya que es judío. También lo era, curiosamente, el actor que interpreta al conde von Krolock, Ferdy Mayne.
Hay interesantes simbolismos, como la referencia a Saturno (en una escena Abronsius y Alfred observan ese planeta a través de un telescopio). Puede parecer que no viene a cuento, pero la figura de Saturno además de astronómica es ocultista, con gran peso en grupos satánicos (entre los cuales pueden contarse los vampíricos). Y precisamente cuando Alfred se pone a observar ese planeta comienza a escuchar los „cantos de sirena“ de Sarah-Sharon, que Abronsius parece no percibir. Otro curioso momento es la „huída en círculo“ de Alfred, que cree haber escapado del joven von Krolock, pero en realidad solamente ha dado una vuelta y llega al mismo lugar – Parece solo un „gag“ pero da que pensar…
A lo largo de toda la película y sobre todo en su segunda mitad, se combinan de forma muy acertada los momentos cómicos de humor negro con situaciones perturbadoras. El epílogo, por ejemplo, resulta bastante inquietante: El mensaje termina siendo que pese a tener buenas intenciones, y obrar correctamente, el resultado puede ser el opuesto al que se quería lograr… Deseas el bien, pero aunque combatas al mal, contribuyes (inconscientemente) a su expansión… (Lo cual entronca con la escena antes comentada de „huída cíclica“ hacia ninguna parte).
Memorable resulta la banda sonora a cargo de Krzysztof Komeda. Este compositor de origen polaco, que era amigo de Polanski, también tuvo un final trágico muriendo joven como Sharon Tate – Aunque en circunstancias mucho menos brutales, pues lo suyo fue un accidente.
Felix Hahlbrock Ponce
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