
The Children’s Hour
EEUU, 1961
Director: William Wyler
Guión: John Michael Hayes (basado en la obra de teatro de Lillian Hellman)
Género: Drama
Banda sonora: Alex North
Intérpretes principales:
Audrey Hepburn (Karen Wright)
Shirley MacLaine (Martha Dobie)
James Garner (Dr. Joe Cardin)
Miriam Hopkins (Lily Mortar)
Fay Bainter (Amelia Tilford)
Karen Balkin (Mary Tilford)
Argumento
Karen y Martha son dos jóvenes maestras que regentan un internado para niñas preadolescentes. Lily, una vieja actriz teatral y tía de Martha, las ayuda impartiendo clases. Joe, el novio de Karen, le pide que se casen. Ella accede, pero eso no alegra nada a Martha, quien cree que una vez Karen se case abandonará la escuela.
Mary, una de las niñas, está al corriente de toda la situación porque espía a las dos mujeres.
Cotilleando con sus compañeras, y después también con su abuela, ciertos rumores son puestos en circulación.
Según esos rumores, el auténtico motivo del disgusto de Martha ante la próxima boda de Karen serían los celos… Pero no porque ambas estén enamoradas de Joe, sino porque entre ellas mismas habría algo más que una amistad…

Comentario
Esta interesantísima película es una perfecta muestra de ingeniería social. Estamos ante un intenso melodrama que con efectivos mecanismos de suspense y una atmósfera de gran presión psicológica, erosiona de forma sutil varios aspectos relacionados con la familia.
Comenzaban los años 60, y el cambio de los tiempos tuvo su efecto en el cine de William Wyler. Si en su „Desperate Hours“ (de 1955) la familia es aún presentada como un bastión de resistencia (ahí sus integrantes se unen contra unos criminales que los han tomado como rehenes), en esta „The children’s hour“, por el contrario, la familia está desestructurada e impera la desconfianza, se nos muestra como una institución caduca y hasta con potencial destructivo: Tenemos a la tía egoísta, que podría haber testificado para poner fin a los rumores pero no lo hizo, por concederle más importancia a su carrera de actriz; tenemos a la abuela que no solo da crédito a las murmuraciones sino que las extiende. La abuela es un arquetipo de la mujer tradicional, la matriarca de las familias, la que debería garantizar la armonía. Pero aquí, dejándose influenciar por su nieta y por las circunstancias, actúa al revés. Y la tía, una figura maternal sustituta, se comporta de forma irresponsable y tóxica. Joe, por su parte, desea inicialmente formar su propia familia con Karen, pero tiene lazos familiares que suponen un lastre para esa relación; pues es sobrino de la abuela difamadora, y primo de la niña „demoníaca“. Y con ésta tenemos otro peculiar detalle: En la película, la inocencia infantil es opacada ante la retorcida crueldad de la Mary, ante el terror psicológico que ella desencadena. La suspicacia empieza a hacer mella entre parientes y en parejas; los mayores y los jóvenes se ven con recelo, los hombres y las mujeres se alejan. Surgen insalvables brechas entre las generaciones y entre los sexos. Hay un „todos contra todos“, ya nadie sabe qué es verdad ni a quién creer.
Además de erosionar la familia en sí, las figuras de autoridad están bajo ataque: las maestras son un símbolo de esa autoridad, de la educación, de la cultura. Y en la película vemos que su credibilidad es derribada (no por las clases que imparten, sino directamente ellas como personas; y por extensión como figuras de autoridad) – ¿Tal vez un „aperitivo“ de lo que iba a ser la revolución cultural unos años después? (que tuvo su versión más brutal en China, pero también caló en Occidente, con mayo del 68 y demás).
Como ya anuncia el mismo título, uno de los propósitos parece ser también desacreditar a quienes tratan de proteger a la infancia ante influencias corruptoras. Esa es la motivación de la abuela, que aunque actúa de buena fe, juzga con mucha dureza y está equivocada (pues ha creído la mentira de Mary). Así, esas intenciones protectoras se muestran como un „pretexto“ de „anticuados carcas“ y como prejuicios de „homófobos retrógados“ (prejuicios que además, en el caso del largometraje son peligrosos por tener consecuencias existenciales para las protagonistas).
En el caso de Karen y Martha todo es muy inocente, no existe por parte de ellas nada que reprochar. Los hechos objetivos son inocentes, pero NO lo que se construye a partir de ellos. La sexualización en el sistema educativo presente a día de hoy (como drag queens en los colegios, etc) era algo absolutamente impensable en 1961, cuando se estrenó la película. Sin embargo, para llegar a los extremos actuales, era necesario antes familiarizar a la opinión pública con tendencias que más adelante sí empezarían a ir proliferando en el mainstream. De ese modo se plantan en la mente del espectador las semillas para que la ventana de Overton de lo „tolerable“ se vaya abriendo cada vez más, en un lento proceso de ingeniería social que abarca generaciones.
El complejo de culpa que se desarrolla en varios de los personajes implicados tiene un peso importante en la historia, lo cual contribuye a la atmósfera tensa y oprimente (sumamente bien lograda) que aumenta conforme avanza la trama y que termina contagiando al espectador.
Las mentiras tienen aquí las patas muy largas, pues una vez han sido puestas en circulación, no hay vuelta atrás y las consecuencias podrían alcanzar dimensiones trágicas.
Se nos muestra el potencial destructivo de unos falsos rumores iniciados por una „inocente“ niña. Pero al mismo tiempo se juega con la ambigüedad de Martha, sugiriendo desde el principio que tal vez ella sí siente algo más por su amiga. ¿Habrá pues un fondo de verdad en esos rumores? ¿O acaso se trata de mentiras que se convierten en verdades mediante la sugestión, al estilo de las profecías autocumplidas?
Mary recuerda a Verónica de la muy recomendable película mexicana „Veneno para las hadas“ (Carlos Enrique Taboada, 1984). Es una niña problemática, mentirosa compulsiva, intrigante. En su caso, la inocencia brilla por su ausencia. Usa la extorsión para esclavizar a una niña más débil, y contra los adultos emplea el subterfugio, poniendo a los unos contra los otros para sacar provecho.
La película está fielmente basada en una obra de teatro de 1934 escrita por Lillian Hellman, quien era de ideología comunista – lo cual no sorprende, teniendo en cuenta los detalles antes comentados. De la adaptación fílmica se encargó John Michael Hayes, quien colaboró como guionista con Hitchcock en varias ocasiones (Entre otras, en „La ventana indiscreta“). Tal vez por ello el suspense resulta tan eficaz.
Felix Hahlbrock Ponce
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