La dama desaparece – Alfred Hitchcock, 1938

La dama desaparece (V.O. The Lady Vanishes)

Reino Unido, 1938

Director: Alfred Hitchcock

Guionistas: Ethel Lina White, Sidney Gilliat, Frank Launder

Género: intriga, comedia

Montaje: H. J. Trever; Helen Lewis

Producción: Michael Balcon (productor ejecutivo), Gainsborough Pictures

Intérpretes

Margaret Lockwood (Iris)

Michael Redgrave (Gilbert)

Paul Lukas (Doctor)

C. Aubrey Smith (Inspector)

Argumento

Muchos turistas se ven obligados a permanecer hacinados en un pequeño hotel del país europeo de Bandrika debido a una avalancha de nieve, que impide la circulación de los trenes en la zona. Entre ellos se encuentra la joven inglesa Iris, con unas amigas, celebrando su despedida de soltera.

También otros compatriotas suyos, como el excéntrico y dicharrachero Gilbert, musicólogo especialista en bailes folklórikos. Y dos aficionados al cricket, ansiosos por regresar a Inglaterra para no perderse un partido.

Iris conoce en la pensión a una anciana, que dice llamarse Miss Froy y ser institutriz.

Cuando al día siguiente vuelven a funcionar los trenes, Iris se despide de sus amigas en la estación y seguidamente sufre allí un percance mientras habla con miss Froy. Una maceta o algo similar le cae en la cabeza desde una ventana, lo cual la deja ligeramente mareada.

La anciana la acompaña dentro del vagón, y ambas se sientan en el mismo compartimento. Cuando Iris se recupera, nota con estupor que la señora ha desaparecido. Y lo que la asombra todavía más es que nadie en todo el tren parece recordarla. Todos afirman que ella estaba sola, y que no había nadie allí que coincidiese con la descripción hecha de la tal Miss Froy…

Un médico trata de convencer a Iris de que el recuerdo de esa mujer debe ser una alucinación, o una especie de autosugestión, provocada a raíz del golpe en la cabeza. Pero Iris insiste y está convencida de que Miss Froy es real.

Gilbert, que también viaja en el tren, termina por creerlo y juntos comienzan a investigar…

Comentario

Esta poco conocida película de Hitchcock, correspondiente a su etapa inicial, resulta muy atípica para quienes están más familiarizados con las obras maestras del suspense que vendrían después (Vértigo, Psicosis, La ventana indiscreta, etc). Comienza casi como una comedia slapstick, y a lo largo de gran parte del metraje abunda una nota humorística un tanto surrealista (En el sentido literal, es decir buñueliano, del término – Ejemplo: La monja con zapatos de tacón). En muchas escenas se difuminan los límites entre lo real y lo ilusorio (a bordo del tren también viaja de hecho un ilusionista; el mago italiano). ¿Acaso está trastornada la protagonista? ¿O existe realmente esa misteriosa anciana? ¿En tal caso, cómo ha podido esfumarse? ¿Y quién es en realidad la susodicha? Estas y otras incógnitas mantendrán en alerta a los espectadores, especialmente a partir de la segunda mitad, cuando toma peso la temática del espionaje y los conflictos geopolíticos.

Puede que el médico del tren, que intenta convencer a Iris de que lo que recuerda no es real, no tenga las mejores intenciones. Y tal hay algo de verdad en las „teorías de la conspiración“ de la protagonista…

El tren, por cierto, funciona como un vehículo para simbolizar la crispación de esa Europa sumamente tensa de los últimos años treinta, que estaba al borde de la II Guerra Mundial (recordemos que la película es de 1938). ¿Programación predictiva?

Hasta el momento, Hitchcock había trabajado solamente en su país Inglaterra; pero ésta fue la película que captó la atención de los productores de Hollywood, propiciando que el director británico continuara su carrera al otro lado del Atlántico – Hitchcock aparece al final del film, en uno de sus célebres cameos, entre la muchedumbre de la estación de trenes de Londres.

La película comienza en un caótico hotel del país ficticio de Bandrika, situado probablemente en Europa Sud-oriental, por los Cárpatos o los Balcanes (en los Balcanes, por cierto, se produjo el „pistoletazo de salida“ del anterior gran conflicto bélico, la I Guerra Mundial). La actitud frívola de varios de los personajes (como los fans del cricket) se ha interpretado como una metáfora de la pasividad inicial de occidente ante el avance del totalitarismo en Europa.

El país balcánico ficticio, unido al tono general humorístico, es algo que recuerda a los cómics de Tintín ambientados en Syldavia y Borduria. Esas historietas del genial Hergé emplean como vehículo argumental el espionaje y las intrigas internacionales; lo mismo que sucede en ésta „The lady vanishes“. Una temática similar la desarrollaría Hitchcock más adelante en „Con la muerte en los talones“ (1959) – donde igualmente tiene gran relevancia el viaje en tren de los principales personajes (pero en el caso de esa otra película con menos comedia y más suspense).

Felix Hahlbrock Ponce

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